miércoles, 30 de enero de 2013

La Biblioteca Tulio Febres Cordero confiere reconocimiento a 12 escritores merideños La Biblioteca Tulio Febres Cordero, en su Calendario 2013, rinde un merecido reconocimiento a 12 escritores merideños, entre los cuales se encuentran Margarita Belandria y Ricardo Gil Otaiza. El Acto se llevará a cabo el jueves 7 de febrero de 2012, a las 10 am, en la sede de dicha Biblioteca, frente a la Plaza Bolívar de Mérida.

domingo, 24 de abril de 2011

Margarita Belandria

(Canaguá, Estado Mérida-Venezuela, 1953). Magister en Filosofía. Profesora Titular. PPII-'B' del Programa de Promoción al Investigador (Ministerio de Ciencia y Tecnología). Imparte docencia en el área de Lógica y Filosofía.
Actualmente es Coordinadora de la Maestría de Filosofía, Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes. Mérida-Venezuela. Directora fundadora de la Revista Dikaiosyne. Miembro del “Grupo de Investigaciones sobre Lógica y Filosofía del Lenguaje” (GISLOFIL), adscrito a la Maestría de Filosofía. Miembro del Grupo de Investigaciones sobre Filosofía, Derecho y Sociedad (G-SOFID). Líneas de investigación: Lógica clásica. Hermenéutica. Ética. Filosofía kantiana. Derecho Natural. Derechos Humanos. Ha publicado numerosos artículos y ensayos en revistas filosóficas.
Entre sus obras literarias destacan: Qué bien suena este llanto [Coedición del CENAL y la AEM. Mérida – Venezuela, 2006. Esta novela recibió Mención de Honor otorgada por la AEM en el Concurso de Narrativa “Antonio Márquez Salas” el 22-09-2004 y ha sido objeto de estudio en el “Seminario de escritoras iberoamericanas” de la Maestría de Literatura Iberoamericana de la ULA, 2008]. Otros puntos cardinales. [Coedición CENAL-AEM, Mérida, 2006). Este libro de poesía recibió Mención de Honor otorgada por la AEM en el Concurso de Poesía “Simón Darío Ramírez”, del 2005]. Otros poemas han sido publicados en: “Al Pie de la Letra”, Diario Frontera, el 12/06/2004. I Antología de Poesía, AEM 2005. III Antología de Poesía, AEM 2006. Revista La Palabra No. 8, Instituto Barinés de la Cultura y Bellas Artes (INBCYBA). Barinas - Venezuela, 2006. Revista Faceta No.30, pág. 2. Ibagué-Colombia, 30 de noviembre de 2008.
Aparece como autora estudiada por distintos autores en la IV Antología de la Asociación de Escritores de Mérida (AEM) “Escritoras venezolanas ante la crítica”, 2007.

www.escritores.org

domingo, 9 de enero de 2011


En Totumos (relato)


Margarita Belandria

Cuando su cabeza rodó por el suelo moviendo los ojos hacia arriba y hacia abajo para cerrarse pensativos ya no fue posible percibir que la amenaza del amo y señor de los ejércitos no había sido apenas una metáfora como dijo que era a los sufridos habitantes del pueblo de Totumos que asentían con la cabeza taciturna escuchando las exégesis de los vocablos proferidos por el amo, el redentor sacrificado, enviado por la divina providencia para salvarnos de las garras imperiales del vecino norteño de Caretas que robaba con voracidad nunca antes suscitada hasta las aguas subterráneas y todo cuanto se producía, empezando por los huevos, y todo lo que crecía y se movía en el territorio sufrido de Totumos. Qué va, el amo era un elegido y como el divino Jesús se sacrificaba para salvarnos expresándose en pura alegoría cuyos secretos designios sólo él como intermediario podía explicar a aquellas mentes mentecatas que habían perdido la esperanza y la memoria desde la horrible peste que durante cuarenta años arrasó a sus habitantes con vómitos de sangre y calenturas que achicharraban la mano a los curanderos isleños cuando la colocaban en la nuca de los enfermos para saber de qué mal se estaban muriendo. Qué va, hacer una fritanga de cabezas como dijera el redentor sacrificado no quería decir eso sino todo lo contrario y en el más peor de los casos era apenas mandar al cipote a los culpables de tantos desafueros que habían construido puentes y carreteras para que se cayeran no antes ni después sino justo en el momento en que el amo estaba en su gobierno y habían cuidado con esmero el cerro más alto del pueblo para que se desmoronara como un aluvión endemoniado no antes ni después sino justo cuando el amo estaba en su gobierno y habían criado vacas para que se volvieran machorras y en el puro hueso no antes ni después sino justo cuando el amo estaba en su gobierno y qué otra vaina se podía hacer con esas pérfidas cabezas, marrulleras, que desde antes de nacer el redentor ya lo andaban persiguiendo y desde antes de nacer ya estaban conspirando para derrocarle su gobierno, pero una fritanga de cabezas, qué va, eso no quería decir eso. Después rodaron por montones pero ya más nadie supo que la suya había de ser la cabeza venidera porque en ese pueblo sufrido de Totumos nadie sabía nada de nada y para que supiéramos algo de algo el redentor sacrificado hubo de pedir ayuda a una isla cercana donde la sabia conducción de su patriarca había forjado la más avanzada civilización que se hubiese conocido sobre la faz de la Tierra, y de allá iban llegando por tandas bandadas de curanderos que curaban todos los males incurables y maestros que sabían enseñar la historia como era y enseñaban a leer hasta a los burros que era lo que más abundaba en aquella desolada podredumbre que era el pobre y sufrido pueblo de Totumos, y enseñaban a meterle el dedo en el culo a las gallinas para saber si tenían huevo pa hoy o pa mañana y cómo rendir la renta carbonera del pueblo de Totumos que tenía minas de carbón suficientes para calentar a todos los emparamados del planeta. Iban llegando por tandas curanderos prodigiosos que con una sola píldora curaban todos los males y nunca el pueblo fue más saludable y la gente nunca más sufrió de infartos ni de esas tremendas arrecheras porque hasta entonces las rastras de maldades venían empaquetadas con precintos del vecino macabro de Caretas. Iban llegando por tandas ingenieros que en una sola espabilada levantaban puentes descomunales y autopistas gigantescas que nunca más se fueron contra el suelo, y para completar la hartura de la dicha y nada más faltase vinieron las putas más sabias de todas la putas de la Tierra que sabían todo lo que había por saber y hacían en la cama o el baño o donde fuera los números nunca jamás por nadie imaginados, qué bendición, y entonces por fin el pobre y sufrido pueblo de Totumos vio a la felicidad en plenitud erguida y solemne como el resplandor de una espada que no sólo la podían lamber y manosear con todos los dedos de la mano y enrollarla y metérsela en el bolsillo o donde fuera sino hacer regueros de ella hasta en los más recónditos extremos de todos los dominios territoriales donde quedaron abolidos para siempre todos los dolores y hasta la mierda dejó de oler a mierda y ser lo que era para mudarse en terroncitos de oro que se precipitaban como ventarrones sobre los techos de las casas que antes fueran de cartón y barro. No habiendo más nada por hacer porque ni una pajita más de felicidad cabía por las rendijas de ninguna parte, hacíamos concentraciones en la plaza donde las muchedumbres fervorosas aclamaban al amo y señor de los ejércitos a quien hubo que coserle de emergencia unos gruesos calzoncillos impermeables para sujetar los enormes chorros empinados que ensopaban sus calzones con cada tanda de aplausos y aullidos de gozo enfebrecido cuyo estruendo hacía volar a las palomas espantadas. Y como único medio de atajar las fuerzas malignas alborotadas a mansalva por el vecino norteño de Caretas y no ver a la felicidad en plenitud descuartizada, ofrendábamos en altares a los más tiernos inocentes cuya sangre derramaban piaches y babalaos sobre el inmenso cuerpo sediento del redentor sacrificado.
(Antología de Narrativa "Cuentos de monte y culebra". Consejo de Publicaciones. Universidad de Los Andes. Mérida, 2009)

Nota sobre En Totumos

Margarita:
No cabe la menor duda de que escribes con las entrañas. Tu lengua ha quedado paralizada para dar cabida a la expresión rotunda de la imagen que desenmascara la realidad. "En Totumos" es el no-lugar al que nadie quiere asistir; el no-lugar en el que nadie quiere existir. Pero es una orientación sumamente específica. Y no se trata de "ficción", ni de realismo mágico, sino de una confesión que rebasa y por mucho la expresión hablada. En tu confesión hay canto, evocación, poesía, sueño, denuncia, pertenencia y firmeza. También está presente un fuerte arraigo. Un arraigo cuya raíz delira entre el destierro, el exilio y la insoportable permanencia. Por así decirlo, hablas desde dentro, desde la médula del asunto, con las entrañas venezolanas que tanto te pertenecen. Y lo más grandioso de todo es que, justo cuando has cerrado la boca, cuando tu discurso no dio cabida a más palabras, tus ojos lo vieron todo... y yo también.

Con admiración y profundo afecto.

Marco Antonio Camacho Crispín.
Facultad de Filosofía y Letras
UNAM
México, 16 de octubre de 2006

miércoles, 24 de diciembre de 2008



Reseña de Eduardo Casanova sobre la novela "Qué bien suena este llanto"
“Margarita, está linda la mar” es el primer verso de un conocidísimo poema de Rubén Darío (Margarita, está linda la mar, / y el viento / lleva esencia sutil de azahar; // yo siento / en el alma una alondra cantar / tu acento. / Margarita, te voy a contar / un cuento. Etcétera), y entre signos de interrogación (¿Margarita, está linda la mar?) es el título de una novela el excelente narrador nicaragüense Sergio Ramírez (Alfaguara, Madrid, 1988). La Margarita de Rubén es la destinataria de un bello poema y de un cuento, del cuento de un rey que tenía “un palacio de diamantes, / una tienda hecha del día / y un rebaño de elefantes, / un kiosco de malaquita, / un gran manto de tisú / y una gentil princesita, / tan bonita, / Margarita, / tan bonita como tú.” Nada más delicado, más femenino e infantil que este poema que en 1908 Rubén Darío dedicó a una niña de cinco años: Margarita Debayle, hija del médico Luis H. Debayle, que invitó al poeta a pasarse unos días en la isla El Cardón, en la Bahía de Corinto. La pequeña Margarita Debayle Sacasa, al crecer, se casó y tuvo descendencia. Murió en 1983. Una parienta suya, Guillermina Fábrega, se casó en Costa Rica con un sabio suizo, Henri Pittier, cuyo hijo, Emilio Pittier Fábrega, tal como el Doctor Pittier, su padre, se estableció en Venezuela, y aquí se casó con Berta Sucre y fundó una ya larga familia venezolana, de modo que algo de aquella Margarita de Rubén Darío, “tan bonita, / Margarita, / tan bonita como tú” llegó a Venezuela y se quedó entre nosotros. Pero, sin que se enteraran ni Rubén, ni Pittier ni Sergio Ramírez, algo más se produjo en Venezuela relacionado con aquella Margarita: “Margarita, está linda la mar” es el leit motiv de una muy buena novela venezolana, escrita por otra Margarita, Margarita Belandria (Canaguá, Estado Mérida, 1953), la novela “Qué bien suena este llanto” (Asociación de Escritores de Mérida, Fondo Editorial Ramón Palomares, Consejo Nacional del Libro, CENAL, Mérida, Estado Mérida, 2006. 125 pp.)No es una novela cualquiera. Es una muy buena novela que merece la atención de la crítica y de los lectores, no sólo de Venezuela, sino de todo el mundo de habla hispana, por lo menos. Está muy bien escrita, muy bien armada, y sin apelar a trucos y habilidades de lenguaje, logra el mismo efecto que los experimentos de Mario Vargas Llosa y los novelistas del boom en cuanto al manejo del tiempo. Narra la vida de otra Margarita, Margarita Palma, paramera, menuda, aparentemente delicada, pero que lleva en sí toda la fuerza de los fuertes vientos montañeros que produjeron mujeres del calibre de Dominga Ortiz, la esposa de José Antonio Páez, una figura ejemplar y poco estudiada de nuestra historia. Margarita Palma también se casó con un llanero, muy inferior, eso sí, a Páez: Tomás Antonio Fernández Tapia, hacendado y padrote barinés, lleno de mañas, a quien otro personaje femenino de alto calibre, la llanera Pilar Moronta, rebautiza “Macho Amargo”. Doña Pilar, la contrafigura de Margarita Palma, es del mismo linaje que la Doña Bárbara galleguiana, aunque es de tiempos más recientes que incluyen la etapa de la lucha armada de los años 60. Margarita (“Margarita, está linda la mar”), a su vez, es hija de un trujillano que huyó de sus pagos para no ser alcanzado por una injusticia en tiempos de la dictadura gomecista, y que recibió a su joven esposa por decisión del padre de ella, que estaba enamorada de una ilusión, de un imposible, pero supo adaptarse a su vida y soportar todo lo que tuvo que soportar. Margarita Palma, en cambio, es huérfana temprana de madre, sobrina de un Cardenal, y se entregó al “Macho Amargo” en busca de una vida nueva y por el deseo irrefrenable de conocer la mar. Al principio se siente fascinada por todo lo que vive, pero a la larga, cuando se da cuenta de que es “catedral” rodeada de “capillas” y víctima de muchas injusticias, se siente obligada a dejar aquella vida ficticia, en la que se mezclaban los elementos más sórdidos de la política y la plutocracia de fines del siglo XX con muchos que no eran otra cosa que ecos del XIX y decide volver a sus páramos, a acompañar a su padre (y su concubina, que fue amiga de la difunta madre) en sus últimos momentos. Y es entonces cuando se produce en la novela el efecto mágico del tiempo. Porque el tiempo de los páramos es un tiempo nutrido de pasados, pero simultáneo al de Mérida, que es el presente real, de fines del siglo XX, y al de Barinas, en el que se combinan ambos, tal como se combinan las luces y los calores del Llano. Margarita (“Margarita, está linda la mar”), la silvestre paramera, se encuentra en Mérida, en la Universidad, con su compañera de infancia que ha superado valientemente sus limitaciones y guía a Margarita en su nuevo camino, en el que vive como nunca, como cualquier estudiante universitaria que hasta se deja seducir por un mañoso intelectual moderno, profesor de la Escuela de Letras. Margarita (“Margarita, está linda la mar”), vive su propio final cuando, por fin, se encuentra realmente con la mar, que no es un mar apacible, sino un espacio formidable y aliado con la destrucción que se manifiesta en los horrores de la catástrofe del Litoral Central de Venezuela de 1999, cuando el gobierno “Revolucionario” prefirió que miles de venezolanos encontraran la muerte a alertarlos y cortar un proceso electoral refrendario que le permitiría hacerse una Constitución a la medida.Es una novela modernísima con elementos muy antiguos y muy bien dosificados, que viene a sumar el nombre de Margarita Belandria a los de Antonieta Madrid, Ana Teresa Torres, Laura Antillano y todas las excelentes novelistas que mantienen viva la selva que inició Teresa de la Parra y continuaron, entre muchas otras, Lucila Palacios, Antonia Palacios y un larguísimo etcétera, palabra que también es de género femenino. “Qué bien suena este llanto” es una obra que debe ser objeto de la mayor atención por parte de quienes se ocupan de la buena literatura en todo el mundo de habla hispana. Otra cosa sería demasiado injusta.

viernes, 3 de octubre de 2008

"Qué bien suena este llanto"

Ricardo Gil Otaiza // Qué bien suena este llanto
Tuve el honor de conocer recientemente a la profesora universitaria, poeta, ensayista y narradora, Margarita Belandria (Canaguá, estado Mérida), luego de una situación literaria incómoda -y hasta bochornosa- para mí, que a lo mejor les comente algún día. Hallé a un ser muy especial, deslastrado de las mojigaterías propias de estos rincones del planeta (que tanto daño le hacen a la creación artística en todas sus expresiones), con una mente lúcida, abierta al mundo y sus sensaciones, con plena conciencia de su lugar y de su posición en la vida. Acordamos una cita en una frecuentada y conocida panadería de la ciudad de Mérida, y nos sentamos a hablar de literatura. Por cierto, me asombraron, entre otras cosas, su estupendo ojo avizor para las erratas de los manuscritos, su agudo sentido de la crítica, su sosegado equilibrio estético, su profundo conocimiento de los entresijos del alma y, sobre todo, su exquisita sensibilidad literaria, que le impulsa a leer y valorar (sin mezquindad alguna) lo que aquí se produce en narración y poesía.Dicen que Mérida es un pañuelo, pero a veces no me lo parece, porque no conocía a este personaje que lleva una larga y fructífera trayectoria académica en nuestra universidad, con dos obras publicadas por la Asociación de Escritores de Mérida (Fondo Editorial Ramón Palomares) y el Instituto Autónomo Centro Nacional del Libro (CENAL) en un bello tomo bifronte, que lleva por títulos: Qué bien suena este llanto (Novela) y Otros puntos cardinales (Poesía), del año 2006. Me referiré brevemente a la novela, que como dato de interés obtuvo Mención de Honor en el I Concurso de Narrativa "Antonio Márquez Salas", convocado por la ya citada Asociación.Qué bien suena este llanto es una narración plena en imágenes y sensaciones, en la que podemos percibir una densidad, una atmósfera exquisita e intrigante, un espacio fantasmal en donde lo real es imaginario y lo fantástico se hace neblina. Hallo muchos mundos en este texto, pero sobre todo el entrecruzamiento de personajes bien descritos y con fuertes cargas sicológicas que le confieren características muy particulares a lo narrado. Logra la escritora ubicarnos en los ambientes del llano y de los Andes venezolanos, para contarnos desde ambos ángulos diversas historias que se hacen antinómicas, y al mismo tiempo complementarias, en la medida en que el texto avanza y nos lleva sin descanso hacia un estremecedor desenlace.Percibo situaciones duras -a veces grotescas- en las que se nos muestra el lado pérfido de la naturaleza humana, la brutalidad del hombre contra la mujer (el machismo en su más pura expresión latina), el sometimiento sexual, la imposición de normas y de formas de vida que a todas luces se contraponen con la dignidad de las personas y con su libertad para decidir por un devenir histórico que le sean propios y connaturales. Por otra parte, hallo referentes -muy claros por cierto- del personaje femenino que se rebela ante su propio destino, y que busca una redención sobre la base de las lecciones que nos devuelve las páginas de la historia, de allí su desafío.A través de lo anecdótico y de los personajes, en esta novela se nos muestra a retazos parte de la historia venezolana: sus más conspicuos "héroes", el eterno enfrentamiento entre civilización y barbarie, y el posterior esclarecimiento por la vía del "triunfo" de la razón y del pensamiento, que se hacen eternos baluartes de las mujeres y de los hombres de estos confines planetarios. Percibo una profunda crítica -a veces airada y dolida- a ese mundo siniestro que se erige por la vía de la tradición y las costumbres, levantando su voz firme y sin ambages contra todo aquello que nos roba la posibilidad de expresar lo que llevamos dentro, y de elegir libremente nuestro destino personal y social.Nos muestra Margarita Belandria la profunda dualidad cultural y social llano-montaña, no para imponernos su criterio civilizatorio, de la mano de una moralidad descontextualizada en el campo de la creación literaria -que podría ser desde luego una opción estética, aunque luego la desdibuje-, sino a través del actuar de unos seres nítidamente perfilados (a veces difuminados), que se hacen víctimas y victimarios, agresores y agredidos a la vez, pero siempre de la mano de sus propias circunstancias vitales.rigilo99@hotmail.com
www.espacio-limite.blogspot.com

domingo, 4 de mayo de 2008

La Asociación de Escritores de Mérida (Venezuela)



Presenta

El libro bifronte de Margarita Belandria




Margarita Belandria posee una voz literaria capaz de dos registros, prosa y verso, relato y poema, que como indistintos cara y cruz, anverso y reverso, hace girar con la sugestiva pericia de un arte de palabra propia y personal.

Qué bien suena este llanto. Novela. Coedición de la AEM y el Centro Nacional de Libro y la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida – Venezuela, 2006). El 22-09-2004 recibió Mención de Honor otorgada por la Asociación de Escritores de Mérida (AEM) en el Concurso de Narrativa “Antonio Marquez Salas”. Se inscribe dentro de la más genuina y clásica tradición de la novela latinoamericana. Con ella pareciera inaugurarse un trazo inexplorado en las letras venezolanas: la novela femenina del páramo. La autora prueba sobrado buen oído del habla natural y espontánea, que capta, registra y hace circular con destreza y fluidez dentro de un léxico caudaloso. Qué bien suena este llanto es un relato donde, en un contexto de apariencia real, sólo despuntan acontecimientos de la imaginación, y en cuya urdimbre de ficciones, con protagonismo coral y polifónico, transcurre la vida de una mujer con un destino signado por dos hechos importantes de la realidad venezolana. Amor, dolor, humor e ironía son las claves de esta narración de pasiones desmedidas.

Otros puntos cardinales. Coedición del el Centro Nacional de Libro y la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida – Venezuela, 2006). Recibió Mención de Honor otorgada por la Asociación de Escritores de Mérida (AEM) en el Concurso de Poesía “Simón Darío Ramirez”, el 2005. Esta obra poética es eso, poesía; de alta calidad literaria, fuerza y delicado lirismo, llena de metáforas que corren como ríos, directas, bellas, sibilinas, diciendo las cosas dulcemente al corazón, a la inteligencia del lector. Este libro recoge una serie de poemas escritos desde la década del ochenta hasta el 2005. Varios de ellos fueron leídos por su autora en la Mesa de Poesía del V Encuentro Internacional de Escritores en el Caribe (México, 2003) y en el Recital Poético de la VI Bienal de Literatura “Mariano Picón Salas” (Mérida, 2005).
Estas dos obras fueron presentadas en el VIII Encuentro Internacional de Escritoras en homenaje a Elizabeth Schön, celebrado en la ciudad de Caracas del 22 al 25 de abril de 2008.