domingo 4 de mayo de 2008

La Asociación de Escritores de Mérida (Venezuela)



Presenta

El libro bifronte de Margarita Belandria




Margarita Belandria posee una voz literaria capaz de dos registros, prosa y verso, relato y poema, que como indistintos cara y cruz, anverso y reverso, hace girar con la sugestiva pericia de un arte de palabra propia y personal.

Qué bien suena este llanto. Novela. Coedición de la AEM y el Centro Nacional de Libro y la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida – Venezuela, 2006). El 22-09-2004 recibió Mención de Honor otorgada por la Asociación de Escritores de Mérida (AEM) en el Concurso de Narrativa “Antonio Marquez Salas”. Se inscribe dentro de la más genuina y clásica tradición de la novela latinoamericana. Con ella pareciera inaugurarse un trazo inexplorado en las letras venezolanas: la novela femenina del páramo. La autora prueba sobrado buen oído del habla natural y espontánea, que capta, registra y hace circular con destreza y fluidez dentro de un léxico caudaloso. Qué bien suena este llanto es un relato donde, en un contexto de apariencia real, sólo despuntan acontecimientos de la imaginación, y en cuya urdimbre de ficciones, con protagonismo coral y polifónico, transcurre la vida de una mujer con un destino signado por dos hechos importantes de la realidad venezolana. Amor, dolor, humor e ironía son las claves de esta narración de pasiones desmedidas.

Otros puntos cardinales. Coedición del el Centro Nacional de Libro y la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida – Venezuela, 2006). Recibió Mención de Honor otorgada por la Asociación de Escritores de Mérida (AEM) en el Concurso de Poesía “Simón Darío Ramirez”, el 2005. Esta obra poética es eso, poesía; de alta calidad literaria, fuerza y delicado lirismo, llena de metáforas que corren como ríos, directas, bellas, sibilinas, diciendo las cosas dulcemente al corazón, a la inteligencia del lector. Este libro recoge una serie de poemas escritos desde la década del ochenta hasta el 2005. Varios de ellos fueron leídos por su autora en la Mesa de Poesía del V Encuentro Internacional de Escritores en el Caribe (México, 2003) y en el Recital Poético de la VI Bienal de Literatura “Mariano Picón Salas” (Mérida, 2005).
Estas dos obras fueron presentadas en el VIII Encuentro Internacional de Escritoras en homenaje a Elizabeth Schön, celebrado en la ciudad de Caracas del 22 al 25 de abril de 2008.

viernes 2 de mayo de 2008

Currículum de Margarita Belandria (completo)

Resumen curricular

Margarita Belandria nació en Canaguá, Estado Mérida (Venezuela, 1953). Escritora de novela, cuento, ensayo y poesía. Es Abogada y Magíster en Filosofía. Actualmente se desempeña como profesora-investigadora de la Universidad de Los Andes en el área de Filosofía del Derecho, Lógica y Hermenéutica Jurídica. En el año 2004 y 2006 clasificó en el Programa de Promoción del Investigador (PPI -Nivel I). Desde 1997 se desempeña como Coordinadora del «Grupo de Investigaciones ‘Filosofía, Derecho y Sociedad’ (G-SOFID)» (http://www.grupologosula.org/) adscrito al Centro de Investigaciones Jurídicas y al Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico (CDCHT-ULA). Desde 1998 es Directora fundadora de la Revista DIKAIOSYNE [Revista semestral de filosofía práctica, indexada en REVENCYT, Catálogo LATINDEX y otros Índices internacionales (ver http://www.grupologosula.org/dikaiosyne/). Ha sido Ponente Invitada en eventos nacionales e internacionales, científicos y literarios. Autora de numerosos ensayos publicados en revistas impresas y electrónicas. Desde el año 2003 es miembro de la Asociación de Escritores de Mérida (Venezuela). Y miembro del Foro Literario “Letras Libres” de Madrid (España) desde mayo de 2005. Actualmente está escribiendo la novela titulada “Flores de azar”, el libro de cuentos “En el pozo” y un "Repertorio de literatura infantil".

Libros inéditos:

1. Nociones elementales de la lengua castellana (Manual teórico-práctico)
2. La cultura jurídica en Venezuela
3. Fundamentos axiológicos de la libertad de expresión (coautora)
4. Lógica y Hermenéutica jurídica
5. Deontología Jurídica
6. Una introducción a la doctrina práctica kantiana


Premios y reconocimientos:

Mención de Honor en el I Concurso de Narrativa “Antonio Márquez Salas”, convocado por la Asociación de Escritores de Mérida (AEM), en septiembre de 2004, por la novela “Qué bien suena este llanto”.
Mención de Honor en el Concurso de Poesía “Simón Darío Ramírez”, otorgada por la AEM en el año 2005 por el poemario “Otros puntos cardinales”.
PPI Nivel I. (2004 y 2006).[Programa de Promoción al Investigador]
Premio Estímulo al Investigador (PEI) 1997.
“ “ “ CONADES 1998
Premio Estímulo al Investigador (PEI) 2001.
Premio Estímulo al Investigador (PEI) 2003.
PEI 2005.
PEI 2007.

Urbs et Orbis: reseña de "Qué bien suena este llanto" y "Otros puntos cardinales"

José Calvo -Universidad de Málaga - España

Esta reseña fue publicada en El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 13 ed. de 1 de junio de 2007, p. 6. Y en la IV Antología de Escritores de Mérida, 2007.

Reseña de Gladys Portuondo sobre la novela "Qué bien suena este llanto"

Publicado en la IV Antología de Escritores de Mérida, 2007.

“Qué bien suena este llanto”
Autora: Margarita Belandria (Canaguá, 1953)
Género: Novela
Edición Centro Nacional del Libro
Asociación de Escritores de Mérida
Fondo Editorial “Ramón Palomares”
Año 2007

“…la mayoría de la gente se engaña mediante una doble creencia errónea: cree en el eterno recuerdo (de la gente, de las cosas, de los actos, de las naciones) y en la posibilidad de reparación (de los actos, de los errores, de los pecados, de las injusticias). Ambas creencias son falsas…Nadie reparará las injusticias que se cometieron, pero todas las injusticias serán olvidadas”.
(Milan Kundera. La Broma).

La novela de la poeta y escritora Margarita Belandria (Canaguá, 1953) dibuja a grandes trazos las historias pintorescas de personajes cuya tesitura y consistencia contrastan con las de otra narrativa, ya hecha paradigma en la literatura de este continente: la que apela a lo real maravilloso, donde la proximidad a lo absurdo asume el lenguaje del mito. En un apretado fresco de las realidades del páramo andino merideño se articulan las historias de los personajes, teñidas en matices contrastantes de drama y de humor irónico, para atrapar la tragedia del desencuentro como “esencia” de las existencias. No hay en esta narración la descripción de alguna clase de maravilla ni en sus evidencias; ni en sus espejismos, en los que la imaginación pudiera enseñorearse atrapando mundos paralelos a los de lo cotidiano. Únicamente es descrito el mundo de una realidad obscena, en el sentido sartreano. La multiplicidad de historias simula una red donde queda atrapado cada personaje: ninguno escapa. El entrecruzamiento se muestra como una telaraña, a la manera de una “cárcel del alma”, en un laberinto inextricable.
Hay también como un voluntario desajuste, una incompatibilidad manifiesta entre las historias personales y el escenario político: Pilar Moronta no llega a articularse con la "causa", que aparece sólo como telón de fondo. Pero además, la narración muestra toda "causa" (matrimonio, amor, relaciones filiales) como causa perdida. Cedeño y Serfatti representan la impotencia de las "dos alas" del alma, la pasión y el intelecto, al batir cada una por sí sola.
El trazo más enérgico de esta pintura, dibujada con claroscuros y opacidades, son las relaciones antinómicas entre las míseras realidades y los amores fantasiosos (¿fantasmales?): la alternativa entre el amor-plenitud y la carencial realidad de lo cotidiano. El amor habita en el mundo de lo cuasi-realizable y las miserias humanas colman el mundo de lo real-no-maravilloso, donde el entendimiento, y no la falacia de una ensoñación desatada, introduce el recurso de la ironía desde una razón siempre despierta y atenta a la absurdidad consustancial a toda elección humana. Tanto la relación amable y desbordada en la pasión compartida entre Margarita Palma y Mariano Cedeño, como el oscuro y secreto sentimiento incestuoso de Marco Vinicio, quedan recogidos en el ámbito de lo irrealizable, asociado a sus desmesuras. Se apela a la imposibilidad de consumación de una hybris del eros que remite a lo trágico y a lo absurdo; a la muerte en apariencia accidental, pero también trágica de Cedeño, y a la otra muerte, absurda hasta el ridículo, de Marco Vinicio atragantado con un hueso.
A través del simbolismo de la naturaleza, junto a los personajes y como escenario inseparable de sus acciones y pensamientos, aparece otra dimensión de las esencias del desencuentro: el contraste entre diferentes regiones geográficas, la montaña y la mar, parece sugerir la revelación posible de enigmas en apelación a una ley universal, cósmica, como razón última del sufrimiento humano. En ajenidades recurrentes, a la manera de una espiral en círculos en trayectoria que remite a la imagen dantesca de los ínferos, la narración reitera los desencuentros: entre el matrimonio y el amor ( en María Antonia Solano, cuyo amante muere suicidándose al contraer ella matrimonio con el hombre elegido por su padre; en Margarita Palma, cegada por el espejismo del amor al escapar con quien se convertirá en su marido y trágicamente enamorada de un imposible, pero también atrapada en el absurdo de su matrimonio por no haber siquiera supuesto la posibilidad del divorcio); entre la infancia y la inocencia (en las hijas de doña Toña, quien es un arquetipo del alter ego del machismo; en Magdalena Marquina, la amiga de la infancia de Margarita Palma, cuyo infantil espíritu despierto contrasta con el temor a la escuela de los hijos de campesinos reticentes, los “desamparados” de la orfandad moral e intelectual ); entre la virilidad y la hombría (entre “Macho Amargo”, el vulgar y vanidoso marido de Margarita Palma y Mariano Cedeño, el “hombre astral”, su amante poeta); entre el amor filial y el amor matrimonial (en el distanciamiento entre Margarita Palma y su padre, Don Ramón, consecuencia de la ajena relación entre éste y María Antonia, su madre); entre lo personal y lo social (en Pilar Moronta, quien está dispuesta a entregar su fortuna al movimiento revolucionario y termina siendo expropiada); entre el intelecto y la pasión (en el profesor Serfatti, quien se esconde tras un mundo libresco por la cobardía ante los riesgos de las pasiones del mundo real).
En una narrativa de realismos que la metáfora poética no atenúa, sino que contribuye a convertir en descarnados, y sin dejar lugar en ella a la invocación mágica de lo imposible en las imágenes (prefiguración indispensable del lenguaje de la maravilla), la autora apela al más castizo lenguaje regional; a las sintaxis y al léxico del habla característica de la gente del páramo merideño: el lenguaje es el de una palpable realidad común, accesible a la experiencia ordinaria que cualquier trovador popular podría atesorar en sus relatos. Pero la superposición de frecuentes monólogos es recurso que trasciende el de la narración del mero espectador o del cronista. La autora nos conduce a través de la trama con la experticia de quien conoce cada accidente del terreno –sobre todo del humano, recorrido en vasta extensión, pues el geográfico se muestra esporádicamente, en pinceladas y simbolismos- y nos acompaña en la recreación de vivencias en las que la intensidad desmesurada de las fibras humanas produce el estremecimiento de una profunda tristeza y el sentimiento de lo irremediable. Las historias se entretejen en redes de transiciones imposibles, de mundos incompatibles que desembocan en la incomprensibilidad última del alma humana, lo que resume esta filosofía del desencuentro y del absurdo de toda elección, conducente a una interrogante siempre suspendida en la narración: ¿habrá fracasos reparables, destinos reparables? Desafiando la sensibilidad del lector, apenas éste logra mantenerse durante el recorrido en la actitud de una imposible ataraxia, en la que la capacidad reflexiva terminaría anulándose al cerrarse los accesos del sentimiento a estos ínferos.
Mas esta crónica del fracaso personal y social no es su justificación como último referente contextual. Si bien la crónica, como género literario, puede encontrarse lo mismo en el relato histórico que en el mitológico; en el lenguaje tanto de los hechos reales, como en el de los ficticios (pudiendo fungir también como vínculo entre ambos), en esta novela es vehículo hacia el mundo de lo posible, que no es ni lo real, ni lo ficticio, sino lo poiético. A través de los relatos, la posibilidad, mathesis de todo lo real, asoma en el atrapamiento de una dicotomía ancestral, transhistórica y atemporal: la de la relación entre el orden y el caos, insoluble alternativa que abarca los destinos de aquellos personajes, trágicamente sujetos a la imposibilidad de su integración. Curiosamente, hay un único personaje del que la autora dice que es una “persona alegre”: Pastora Santos. Pastora es el único personaje de origen desconocido, situación a la que la narración alude enfáticamente. Ella aparece en la historia al llegar a la puerta del convento como huérfana, en un canasto. En contraste con Pastora, la persona sin origen, las historias de otros personajes se presentan en los contextos de respectivas historias familiares, de las cuales no pueden desatarse. Es por eso que Pastora simboliza la manera ingenua de una articulación posible entre el orden y el caos; entre el origen desconocido y un destino feliz en su ingenuidad; la conciencia y la identidad de sí asociadas al conocimiento del origen no representan en Pastora, en consecuencia, una elección dramática. Pastora asume ingenuamente el pathos de su destino sin origen, sin preguntarse y sin arriesgarse, en una tranquila inconciencia sobre su propia identidad.
Toda la narración tiene como centro al personaje principal, Margarita Palma, cuya historia no es mera repetición, pero tampoco quintaesencia, de lo dramático o de lo absurdo de los destinos de otros personajes. Más bien la historia de Margarita Palma es un desbordamiento de todas las antítesis; ella las concentra todas y al mismo tiempo representa el anuncio de la conciliación paradójica, mas no imposible, de aquellas tendencias habitualmente enfrentadas en la existencia humana: la pasión vital y el intelecto; la razón y el sentimiento; el orden y el caos. Esta condición es revelada en la carta póstuma del profesor Serfatti: “Tú amas los libros, y vives, sin embargo. No eres esclava. Esclava ni de tus libros ni de tus debilidades”.
Margarita Palma es el personaje-clave de toda la narración: lo femenino-originario, lugar simbólico donde se generan y reconcilian las antítesis, pues el origen es el ámbito de la paradoja, único origen verdadero que trasciende los límites empíricos de los nacimientos y de todo linaje familiar o histórico (temporal), conocido o no. La paradoja encarnada en la historia de Margarita Palma a través de la relación entre el amor-nascencia-poesía y lo cotidiano-real-predecible traduce a su dimensión humana la otra paradoja cósmica, universal: la de la relación entre el orden y el caos. Pues será en el alma humana, y no en la ley de la naturaleza, donde es posible alcanzar, al menos de forma fugaz, aquella posible integración, que asimilando el fracaso y aún sucumbiendo a éste –Margarita Palma es víctima del caos producido por las fuerzas de la naturaleza- recoge en el recuerdo de los seres queridos y en el del amado toda la riqueza de un destino que ha remontado las leyes del cosmos a través de la memoria-actualización de sus amores. El recuerdo, la reminiscencia, es la presencia de lo eterno: Margaviota es el símbolo del remontarse y del trascender los desencuentros, hacia el mundo poiético de los posibles encuentros. Pero éstos son otros puntos cardinales…

Gladys L. Portuondo
Mérida, abril-mayo de 2007

Fragmentos en la Web de Escritores de Mérida



SELECCIÓN DE POEMAS DE MARGARITA BELANDRIA

LA YERBA DE LAS ROSAS

Despido sin duelo los festines.
Un aplauso sacude los huesos de mis manos,
las que retiran la yerba de las rosas
que tiemblan al rumor de los clamores
maldiciendo al colmillo enrojecido
que muerde el dolor de los corderos.
Manos para siembras afanadas,
para tantear oleadas de palomas
que olvidadas de nidos y algodones
muy lejos se alejan arrullando.


SUR

La puerta de mi casa mira siempre al Sur,
donde las aguas escurren a morir,
y los pájaros caen como ceniza.

Oigo el seco crujir de los geranios
por el silbido que baja de las nubes.

Vivo solamente si me dueles,
si ardes como antorcha entre mi carne.

Ríos que braman siempre al Sur.
Siempre al Sur,
hacia donde la puerta de mi casa mira.


SUBLEVACIÓN
A Pepe Barroeta

Has hecho mis ojos para mirar la nada,
mi lengua incapaz de pronunciarte,
mis oídos sordos a la sinfonía de las esferas.

Abro la puerta por donde salió la ausencia:
los árboles gritan su caída;
las piedras, su silencio.

Los corazones golpean furiosos en los pechos afanados,
y un alcatraz vigila el eco de su corazón dormido.

Mi alma delgada de tristeza se subleva.
Clama en el áspero color de los desiertos,
en el grueso sabor de la tiniebla.

Como yo aquel día
has puesto un silbido en el roto corazón de la calandria,
y un nidal secreto en cada bosque de la Tierra.

Desde esta tierra querida de la muerte
lenguaradas se alzan en busca de tu nombre.

Callado el cielo oscurece herbolarios tropicales,
borrando de tristeza ciertas tardes,
aquella esquina no mirada.

Por ti los lirios cayeron de rodillas
y una barca ligera se arriesga en profundidades marinas.
En la tarde postrera regresas una nube
a la niña que juega con zafiros.


VELO
A María Dolores González-Hocevar

Que ande yo como ahora
sin las venas palpitando;
sin un hilo de voz
entre este bosque de alaridos.

Yo, que durante siglos velo
el ronco sonido de la noche,
he mirado con estos pobres ojos
el llanto mudo del parto de las perras,
y la orfandad de cuanto habita
bajo el cielo arrodillado.

Yo, que yazgo sobre tierra fría
oyendo caer la ceniza de los muertos,
me pierdo a las cuatro de la tarde
en sopores estivales
y siento una enorme punzada
al recordarte.


EL OLOR DE MI EXISTENCIA
A María Luisa Lázzaro

Huelo mi existencia
y sólo encuentro los gestos
inventados.

¿Qué destino ha tomado el autor de las hechuras
que revuelve sangre, barro, vida, yerba y muerte?

¿Soy del llanto que llevo en las pupilas?

Despertar quisiera en otra hora,
hilar minutos de otra orilla
y estas lágrimas saberlas mías.


DESTINO
A Gladys Portuondo

Salí una tarde
por la rendija más angosta;
puertas y ventanas
habían sido clausuradas.

Vago sin memoria,
derramando una brisa diminuta
sobre geranios
que ya no olerán para nadie.

Algo me convoca
a descifrar los presagios,
pero yo sólo conozco
los bramidos
de las calles descalzas.

Hoy prefiero
pagarle al mundo
cada una de mis deudas,
echarme toda la tierra encima
y borrar los horizontes
del destino que me asedia.


CANTO
A Don Pedro José Belandria Molina

A pulso yo navego en esta vida.
Mis uñas rasgaron
la inmensa cicatriz por donde miro.
No destroces mis pequeñas alas.
Déjame caer, al menos,
donde la tarde algún color anda buscando,
y no se cruza de brazos porque yo vengo.
Déjame así, rodando,
puliendo a rastras la dura redondez,
canto rodado.

AGUA CALMA
A Rosa María Hurtado

Como agua calma
miro las tardes alumbrar.

Ovillando los recuerdos
asoman mocedades
en los resquicios del tiempo.

Desempolvo el espejo
que guarda mi memoria,
y sólo consigo mi nombre
y este destino inexplicable.


ALBRICIAS
A Iraida Moleiro

Noches de espeso latido mineral.
Noches enteras ovillando soledades,
mirando la estatua de mis huesos
pálida de tantos resplandores.

Imposible amordazar
al tiempo, su alarido;
reclamar las albricias
de tanta brevedad.

ABISMOS
A Mayda Hocevar

Por el suave andar de las olas que me gritan y la misteriosa adhesión de la hiedra entre los muros, palpito en el seco temblor de los geranios, en la mirada triste de los perrosy la queja que escurre de las nubes.

He hallado una rosa ante mi puerta.
He sentido el beso tuyo en mi rodilla.
Oigo el rumor de todos los silencios
y de cada instante su muerte repentina.

Sé del temblor que tiembla en las entrañas.
Sé de tu alma que mide los abismos.
Sé de la voz que desciende vertical
que arroja y que calcina.

NADA
A Andrés Suzzarini

En la noche,
abiertos los postigos de mi cama,
viene un ser alado a visitarme.

Entre acordes de la lluvia,
bajo el ala,
se ha llevado los cuentos
que dormían entre las sábanas.

Al retorno se apropia de mi almohada.
Entre idas y venidas se ha llevado todo.
Con pinzas afiladas
ha ido entresacando mis cabellos.

No queda nada
de quien antes arrullara,
en el sitio de la lumbre,
tan perfecta soledad.

OTROS TEJADOS
A Alexis Márquez Rodríguez

Cuando los aguijones de la soledad
se claven en nuestros aposentos
estarán nuestros ojos
en espejos desteñidos,
en tejados diferentes.

Otras puertas
se abrirán a nuestras sombras.

Mañanas menos tibias.
Crepúsculos más pálidos.
Otros puntos cardinales.


SIN NOMBRE
A: Arnulfo Quintero López

Entró igual que un águila
volando a través de las cornisas.
Enrumba alas y memoria
hacia las casas agachadas
en la cresta del barranco
que antes fuera la colina más alta.
Otea.
Escarba el hedor de los corrales
despeñados hace tiempo.
Muy lejana se oye la voz de un campanario.
Con el mismo impulso
sale en estampida a buscar otros aires,
y su rastro sólo queda
en los ojos aguados
de los perros sin nombre.


EN LA TARDE
A : M.A. G. Rascón

¿Por la simple levedad de tu sonrisa
debo desgarrar la vida mía?

¿A dónde fueron los besos
que echabas a volar hacia los míos?

Camino y desando el vecindario.
Nada me indica el sendero que te lleva,
¿hacia otros brazos amados igual como los míos?

La cuerda cruel se ajusta en mi garganta.
Mis labios solos ofician su canto al beso prometido.

Me mira la tarde con su cara triste,
y con la misma tristeza yo también la miro.

¡Quisiera olvidar hasta el sonido que te nombra!
¿Quisiera olvidar ese sonido?


CON LA TRISTEZA AL HOMBRO
A María Alejandra Belandria Juárez

Quise despedir
tristemente a mi tristeza.
Vagué por calles grises
en busca de un lugar
para tirarla.

Pero ella
acarició mis ojos,
se enroscó en mis labios
y, como gota de hiel,
se instaló en mi garganta.


MIS RANAS
A mis hijos Pedro, Miguel y Leo

Noches lejanas, eterna letanía,
detenida y doliente en los rosados del alba.

Croando su tristeza sajaron mi corazón
al filo de su canto.
Con esa cicatriz desafié mi mundo de verdugos
que osaron mudarnos la esperanza.

Mis viejas ranas
de plateados charcos,
lectoras de la lluvia,
maestras del pantano.
Mérida, 1984

LEO

La luna te va soñando
con sus granitos de arena,
con sus ojitos llorosos,
llorosos de pura pena.

Al río se fue a bañar,
se fue a bañar Leonardo,
en sus manitas morenas
dormían bromelias y nardos.

Traías la risa del río,
traías aromas del viento,
y en tu corazón traías
ramitas de pensamientos.

Vienes volando a caballo
con un lucero en la frente,
ojitos de flor de mayo,
aromas de cal y fuentes.

Sentado estás en la plaza.
Ya fuiste a jugar al río...
¿Por qué tus ojitos llorosos,
llorosos como los míos?
Mérida, 1986



ELEGÍA
A José Luis Dugarte Belandria

Qué bonito se oye tu nombre
desde la penumbra
donde crecen florecitas
con tu llanto sepultado.

Bien bonito se oye ese nombre
del que brotan saltarinas
algunas letras sustanciales:
La r de tus risas apagadas.
La i con su gorrita puesta
sobre estragos de quimioterapia.
La a dolorosa de la madre
tiñendo sus cabellos de oro
para esconder
tanta tierra encima,
tanta lágrima.

DESDE EL RIO
A Humberto García Rodríguez

En la sombra que habita entre tus ojos
ya no brilla lo que amabas.
Desde el río se oyó el adiós definitivo.
Su cuerpo frunció la montaña con enfado.
Ella sabe cuánto la amó nuestra mirada
de encantos compartidos.
Esa noche quedó inmovilizada
ante el fragor de mi lamento.
Más espesa desciende la neblina.
Más helada.
Hacia extrañas latitudes
llevaron las aves su aleteo
y las caricias de su canto.
En silencio atroz mi corazón
y los riscos escarpados.
¿No podías quedarte?
No podías.
Ya en tus horas
comenzaba a descender la tarde.
Ibas camino de la sombra.
La que siempre te aguarda,
fatal, definitiva.
¿En qué lugar reposará mi alma
que no esté el vacío de tu presencia amada?
Las aguas todas mis besos llevaban a tu mar.
Ahora duerme en mi garganta un pozo turbio.
Yo, domicilio de todo lo perdido,
me planto ante el dolor
que habrá de aniquilarme.
Mérida, 1991.


SIN NIDO

De tu color moreno
quiero llenar mi cama.

De tu mirar callado
quiero hacer un rosario
y una cobija bonita
para en la noche besarlos.

Quiero hacer de tu pelo
algodón para mis sueños,
para dormir en el día
y pasar la noche en vela
como tórtola sin nido
en la empinada araucaria
que sube recta al balcón
que no cerraron tus besos.


RETRATO HABLADO DE
LAURENCIO ZAMBRANO LABRADOR

Cuentan
que así le dieron su último apellido
porque una tarde de desierto
hundió sus manos en la tierra
y saltaron racimos de alimento.

En su rostro,
palomar de geométricas medidas,
anidan amorosamente
la tristeza de las aves
y el canto rebelde
de gorriones heridos.

Huracanes de fuego
hay en sus ojos;
párpados de brisa.
Ausencia imperiosa
de noches asfixiantes.

Con pasos errabundos
ha horadado las huellas
del indio milenario
en su travesía
hacia las ternuras del sol.

Baquiano de guitarras,
del canto que subleva.
Pecho sonoro de quebrantos.
Mérida, 1985


TU SILENCIO OYENDO

Alma mía,
alma de mi alma,
pedacito de aroma de capullo,
déjame soñar hasta la muerte
pero siempre siempre entre el silencio tuyo.

Alma mía,
alma de mi alma,
manojito de luz con que me enciendo,
deja que me apague hasta la muerte
pero siempre siempre tu silencio oyendo.

Agua clara
que rueda entre mis manos
transparente y alada como pájaros temblando,
déjame morir mi larga la muerte
pero siempre siempre tu silencio amando.

HACIA LA NADA

¿De dónde llegas volando,
mi amor, llegas de dónde?
¿De lo azul,
de donde el sol se esconde?
¿De la madrugada,
del río,
de la cañada?
¿Palpitando, mi amor,
vienes llegando?
¿Palpitando, mi amor,
hacia la nada?



* * *



En Totumos (cuento)

Cuando su cabeza rodó por el suelo moviendo los ojos hacia arriba y hacia abajo para cerrarse pensativos ya no fue posible percibir que la amenaza del amo y señor de los ejércitos no había sido apenas una metáfora como les dijo que era a los sufridos habitantes del pueblo de Totumos que asentían con la cabeza taciturna escuchando las exégesis de los vocablos proferidos por el amo, el redentor sacrificado, enviado por la divina providencia para salvarlos de las garras imperiales del vecino norteño de Caretas que robaba con voracidad nunca antes suscitada hasta las aguas subterráneas y todo cuanto se producía, empezando por los huevos, y todo lo que crecía y se movía en el territorio sufrido de Totumos. Qué va, el amo era un elegido y como el divino Jesús se sacrificaba para salvarlos expresándose en pura alegoría cuyos secretos designios sólo él como intermediario podía explicar a aquellas mentes mentecatas que habían perdido la esperanza y la memoria desde la horrible peste que durante cuarenta años arrasó a sus habitantes con vómitos de sangre y calenturas que achicharraban la mano a los curanderos isleños cuando la colocaban en la nuca de los enfermos para saber de qué mal se estaban muriendo. Qué va, hacer una fritanga de cabezas como dijera el redentor sacrificado no quería decir eso sino todo lo contrario y en el más peor de los casos era apenas mandar al cipote a los culpables de tantos desafueros que habían construido puentes y carreteras para que se cayeran no antes ni después sino justo en el momento en que el amo estaba en su gobierno y habían cuidado con esmero el cerro más alto del pueblo para que se desmoronara como un aluvión endemoniado no antes ni después sino justo cuando el amo estaba en su gobierno y habían criado vacas para que se volvieran machorras y en el puro hueso no antes ni después sino justo cuando el amo estaba en su gobierno y qué otra vaina se podía hacer con esas pérfidas cabezas, marrulleras, que desde antes de nacer el redentor ya lo andaban persiguiendo y desde antes de nacer ya estaban conspirando para derrocarle su gobierno, pero una fritanga de cabezas, qué va, eso no quería decir eso. Después rodaron por montones pero ya más nadie supo que la suya había de ser la cabeza venidera porque en ese pueblo sufrido de Totumos nadie sabía nada de nada y para que supieran algo de algo el redentor sacrificado hubo de pedir ayuda a una isla cercana donde la sabia conducción de su patriarca había forjado la más avanzada civilización que se hubiese conocido sobre la faz de la Tierra, y de allá iban llegando por tandas bandadas de curanderos que curaban todos los males incurables y maestros que sabían enseñar la historia como era y enseñaban a leer hasta a los burros que era lo que más abundaba en aquella desolada podredumbre que era el pobre y sufrido pueblo de Totumos, y enseñaban a meterle el dedo en el culo a las gallinas para saber si tenían huevo pa hoy o pa mañana y cómo rendir la renta carbonera del pueblo de Totumos que tenía minas de carbón suficientes para calentar a todos los emparamados del planeta. Iban llegando por tandas curanderos prodigiosos que con una sola píldora curaban todos los males y nunca el pueblo fue más saludable y la gente nunca más sufrió de infartos ni de esas tremendas arrecheras porque hasta entonces las rastras de maldades venían empaquetadas con precintos del vecino macabro de Caretas. Iban llegando por tandas ingenieros que en una sola espabilada levantaban puentes descomunales y autopistas gigantescas que nunca más se fueron contra el suelo, y para completar la hartura de la dicha y nada más faltase vinieron las putas más sabias de todas la putas de la Tierra que sabían todo lo que había por saber y hacían en la cama o el baño o donde fuera los números nunca jamás por nadie imaginados, qué bendición, y entonces por fin el pobre y sufrido pueblo de Totumos vio a la felicidad en plenitud erguida y solemne como el resplandor de una espada que no sólo la podían lamber y manosear con todos los dedos de la mano y enrollarla y metérsela en el bolsillo o donde fuera sino hacer regueros de ella hasta en los más recónditos extremos de todos los dominios territoriales donde quedaron abolidos para siempre todos los dolores y hasta la mierda dejó de oler a mierda y ser lo que era para mudarse en terroncitos de oro que se precipitaban como ventarrones sobre los techos de las casas que antes fueran de cartón y barro. No habiendo más nada por hacer porque ni una pajita más de felicidad cabía por las rendijas de ninguna parte, hacían concentraciones en la plaza donde las muchedumbres fervorosas aclamaban al amo y señor de los ejércitos a quien hubo que coserle de emergencia unos gruesos calzoncillos impermeables para sujetar los enormes chorros empinados que ensopaban sus calzones con cada tanda de aplausos y aullidos de gozo enfebrecido cuyo estruendo hacía volar a las palomas espantadas. Y como único medio de atajar las fuerzas malignas alborotadas a mansalva por el vecino norteño de Caretas y no ver a la felicidad en plenitud descuartizada, ofrendaban en altares a los más tiernos inocentes cuya sangre derramaban piaches y babalaos sobre el inmenso cuerpo sediento del redentor sacrificado.

Nota sobre En Totumos

Margarita:
No cabe la menor duda de que escribes con las entrañas. Tu lengua ha quedado paralizada para dar cabida a la expresión rotunda de la imagen que desenmascara la realidad. "En Totumos" es el no-lugar al que nadie quiere asistir; el no-lugar en el que nadie quiere existir. Pero es una orientación sumamente específica. Y no se trata de "ficción", ni de realismo mágico, sino de una confesión que rebasa y por mucho la expresión hablada. En tu confesión hay canto, evocación, poesía, sueño, denuncia, pertenencia y firmeza. También está presente un fuerte arraigo. Un arraigo cuya raíz delira entre el destierro, el exilio y la insoportable permanencia. Por así decirlo, hablas desde dentro, desde la médula del asunto, con las entrañas venezolanas que tanto te pertenecen. Y lo más grandioso de todo es que, justo cuando has cerrado la boca, cuando tu discurso no dio cabida a más palabras, tus ojos lo vieron todo... y yo también.

Con admiración y profundo afecto.

Marco Antonio Camacho Crispín.
Facultad de Filosofía y Letras
UNAM
México, 16 de octubre de 2006